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De pasos de cebra, Steve Jobs, y códigos Bidi/QR

El día en que los medios se hacían eco de la desaparición de Steve Jobs, el alma de Apple, me encontraba en Madrid capital, en uno de los raros desplazamientos físicos para los que el mail o el teléfono no siempre sirven: una reunión comercial.

Steve Jobs y códigos QR

Temperatura agradable, zona centro. Coches, personas, motos, autobuses, más personas… y todo el mundo parece moverse en un campo más allá de 1024×768.  Es curioso cómo recibimos miles de estímulos del entorno que nos rodea, y sin embargo, nos inhibimos ante algunos y nos fascinan otros. Desde las luces de los semáforos, hasta la arquitectura de las fachadas, la ropa de una persona o las hojas de un árbol. Todo emite una frecuencia que absorbemos o ignoramos según nuestros gustos, o puede que nuestra genética. En mi caso concreto, ese día concreto me fijaba en un elemento trascendental y único en el paisaje urbano: los pasos de cebra.

 

Un paso de cebra es un buen ejemplo de [ diseño + funcionalidad + usabilidad ]. Se trata de unos rectángulos blancos pintados sobre el asfalto, de longitud variable, que señalizan pasos por donde los peatones tienen preferencia sobre los vehículos. Mientras que el ancho de cada rectángulo suele ser uniforme (unos 70 cm aprox.), tanto el largo, como el número de rectángulos, son configurables en función del tramo de carretera a señalizar y del ancho de la calle (basta con mover las líneas guía a cada lado y estirar). De niños, casi todos habremos jugado a cruzar pisando sólo la pintura o sólo la carretera, seguro.

 

Sin embargo, los pasos de cebra presentan un problema… para las motos. Cuando llueve, se vuelven peligrosamente resbaladizos. La rueda de una scooter puede fácilmente patinar por y dar con los huesos del motorista en el asfalto. Cuando se creó el diseño del paso de cebra 1.0, no se pensó en este problema de usabilidad. Recientemente, (y probablemente más por las quejas de los usuarios que por una reflexión de rediseño), las arquetípicas rayas de la cebra, están siendo sustituidas por cuadrados, a un extremo y a otro de la zona que delimita el paso. Este nuevo diseño puede que no sea tan romántico ni metafórico, pero cumple a la perfección su funcionalidad, y en cuanto a usabilidad, elimina el riesgo de patinaje para los vehículos ligeros, cuyos usuarios sin duda agradecen. Quizá los niños ya no puedan (podamos, que hay quien lo sigue haciendo pero sin llegar a saltar del todo 😉 saltar de raya en raya de la cebra, pero cuando vayan en moto lo entenderán.

 

P.S.: Manejando mi iPhone mientras hacía la foto del lugar, mi contaminada mente multitarea-multidispositivo, que a veces mezcla conceptos reales con virtuales maquinaba: se podrían pintar unos códigos QR en el asfalto y equipar los bajos de los coches con un lector que los reconozca. De esa manera se podrían crear señales de tráfico interactivas, que hicieran que los coches adecuaran la velocidad automáticamente, o redujeran la marcha ante un cruce… y por qué no, con fines publicitarios… imagina mensajes en el display de tu salpicadero como: “Próxima gasolinera a 1 km”, “lava tu coche de una vez”… “si bebes no conduzcas!”. Gracias Jobs por poner en mis manos un juguete que irradia creatividad.